Anorexia, bulimia y obesidad

En los 50 últimos años se ha producido un incremento significativo, debido principalmente a factores socioculturales, y no tanto porque se preste más atención a este tipo de problemas ni porque se haya disminuido el estigma social.

Se han hallado trastorno alimentarios de varios tipos en el 4% de adultos jóvenes. Ha habido un aumento en su frecuencia en los últimos años en hombres. La edad más común de inicio se sitúa alrededor de los 15 años.

Las variables que predisponen a presentar un trastorno de alimentación, y por lo tanto le hace más vulnerable a padecer este trastorno son

Biológicos
Por ejemplo obesidad premórbida
Socioculturales
  • Presión de la sociedad por estar delgado. A estar delgado se asocia la felicidad, el éxito laboral, el éxito en las relaciones sociales, una mejor vida, etc.)
  • El papel cambiante e idealista de la mujer: “Superwoman”
  • El ideal de belleza cambiante a lo largo del tiempo
  • Prejuicios contra la obesidad
Factores individuales
  • Problemas para ser autónomo
  • Déficit de autoestima - autoconcepto
  • Perfeccionismo y autocontrol
  • Miedos a la maduración
Factores familiares
  • Baja comunicación
  • Miedos, sentimientos de culpa

Normalmente el cuadro se desencadena partiendo de algún acontecimiento bien de carácter estresante, bien en relación directa con la imagen corporal, como pueden ser:

  • Críticas durante la pubertad en el seno familiar y/ o en el colegio sobre el físico y/ o la persona
  • Acontecimientos estresores en su vida (ej. muerte de una persona querida, problemas en la relación con el sexo contrario, problemas con las amistades, etc.)
  • Actitudes negativas ante la propia imagen física y personal (baja autoestima) que hace que determinadas personas sientan la necesidad de controlar el peso y la figura

Los trastornos de la conducta alimentaria son síndromes y no enfermedades, dado que no se definen por una única causa, ni presenta un curso clínico común ni una patología común. Se definen mejor como síndromes, esto es, a partir del conjunto de síntomas presentes. Los síntomas frecuentes en los trastornos de conducta alimentaria que tienden a presentar, no siendo necesario que coexistan todos los que se listan a continuación:

  • Contenido y cantidad de comida ingerida habitualmente desajustado
  • Las pautas de ingesta en cuanto al número de comidas, horarios, lugar y forma, tiende a ser irregulares e inadecuados.
  • Frecuencia de conductas restrictivas, presentando alimentos prohibidos, ansiedad secundaria a los mismos, grado alto de evitación, tendencia al ayuno.
  • Son frecuentes los atracones y los sentimiento de pérdida de control, caracterizados por una cantidad de calorías ingeridas elevada, por unos estímulos o situaciones que tienden a desencadenarlos, siendo la frecuencia de episodios las que nos permite conocer la gravedad de este síntoma al igual que las conductas purgativas que puede llegar a presentar (vómitos, laxantes, diuréticos, etc.)
  • Tienden a presentar conocimientos nutricionales y actitudes hacia la comida erróneos: ideas erróneas, supersticiones sobre determinados alimentos, etc.
  • Impulso a la delgadez
  • Insatisfacción con la imagen corporal: En las paciente bulímicas este síntoma tiende a estar de forma más intensa que en paciente anoréxicas, si bien en ambos cuadros es un síntoma central.
  • Inefectividad y baja autoestima
  • Perfeccionismo
  • Desconfianza interpersonal
  • Miedos a la maduración
  • Inseguridad social

En la terapia con trastorno de conducta alimentaria los aspectos de motivación, objetivos del paciente y la relación terapéutica son cruciales. Son de suma importancia si tenemos en cuenta que pacientes con un trastorno alimentario, sobre todo con anorexia nerviosa, suelen presentar escasa conciencia de trastorno y baja motivación por acudir a tratamiento. La mayoría de los pacientes, de hecho, son traídos a tratamiento bajo la presión de padres y/ o familiares. Cuestionarse esta alianza terapéutica, y centrarnos en ella en el proceso inicial, ahondando en las insatisfacciones, ambivalencias y problemas existentes de fondo, se hace más que necesario.

Trastornos

La edad de mayor riesgo de presentar anorexia nerviosa es entre los 14 y los 19 años de edad, siendo entre los 12 y 25, las edades de mayor prevalencia. El inicio de la anorexia nerviosa suele darse entre los 10 y los 30 años.
En la anorexia hay una notable alteración de la percepción de la propia imagen corporal, que conlleva una restricción alimentaria para poder evitar engordar o perder peso, y no por perder el apetito, con un físico de delgadez marcada. La mayoría de las conductas aberrantes dirigidas a la pérdida de peso se realizan en secreto y la pérdida de peso se produce mediante la reducción drástica de la ingesta, con un descenso desproporcionado de hidratos de carbono y alimentos grasos. Algunos pacientes no pueden mantener de manera constante este control sobre la comida y entonces comen grandes cantidades de una vez, “atracón”, generalmente a escondidas. Estos atracones van seguidos de vómitos autoinducidos, abuso de laxantes e incluso diuréticos para perder peso, así como de un aumento de actividad física con el mismo fin. Los pacientes con este trastorno exhiben una peculiar conducta con respecto a la comida: esconden comida por toda la casa y frecuentemente llevan grandes cantidades de caramelos en los bolsillos, cortan la comida en pequeños trozos y gastan gran cantidad de tiempo organizándolos en su plato.
Las hipótesis de una alteración psicológica subyacente en adolescentes que sufren este trastorno incluyen los conflictos que rodean la transición de adolescente a mujer. También se ha sugerido que cuestiones psicológicas relacionadas con sentimientos de desesperanza y con la dificultad de establecer la autonomía personal, contribuyen al desarrollo del trastorno.
Estos pacientes tienden a presentar un código ético y moral estricto, se incomodan con los cambios y son muy perfeccionistas; son comunes las quejas somáticas, especialmente malestar epigástrico. También son frecuentes las conductas de robo. Se ha descrito frecuentemente un deficiente ajuste sexual y psicosocial. Los pacientes consultan generalmente cuando su pérdida de peso se hace visible
Se da entre un 2% y un 3% de la población adolescente femenina. Alrededor de un 30% de pacientes con bulimia nerviosa han tenido una historia previa de anorexia. Este problema es más difícil detectarlo, tienden a ocultarlo dado que cursa con una vergüenza intensa del propio trastorno, y además la pérdida de peso no tiende a ser tan llamativa como en la anorexia.
En la bulimia suele haber una gran preocupación por el peso o la silueta, así como una ingesta descontrolada de comida (en cantidad y rápidamente), con una sensación de falta de control sobre dicha voracidad. La interrupción social o el malestar físico ponen fin a este episodio, que va seguido de sentimientos de culpa, depresión o autodesprecio. No es extraño que se alternen episodios de bulimia con vómitos provocados para compensar el incremento de peso, así como el uso de diuréticos, laxantes, dietas y ejercicio.
Tienden a evaluarse a sí mismas básicamente en función de la forma de su cuerpo y de su peso. La mayoría de los pacientes con bulimia poseen un peso dentro de los márgenes normales, pero están preocupados por su imagen corporal y su apariencia, además les preocupa su atractivo. La mayoría de estos pacientes se mantiene sexualmente activos, en comparación con los pacientes que sufren anorexia, que tienden a no presentar interés por el sexo. La bulimia nerviosa aparece en personas con tasas elevadas de trastornos afectivos y trastornos del control de impulsos. También se da con mayor frecuencia en personas con trastornos relacionados con sustancias, y con gran variedad de trastornos de personalidad. Los pacientes con bulimia nerviosa también presentan mayor prevalencia de trastornos de ansiedad, trastorno bipolar, y trastornos disociativos, así como historias de abuso sexual.
No utilizan las conductas compensatorias típicas de la bulimia nerviosa (vómitos, laxantes, etc.), pero se dan atracones de comida de forma recurrente, existiendo una falta de control sobre la ingesta de los alimentos y un malestar subjetivo importante en el sujeto.
Muchas personas con obesidad informan de sobreingesta con pérdida de control sobre la alimentación, consumen cantidades de comida que durante un periodo discreto de tipo no deberían ser valoradas como exageradas, pero que a lo largo de todo el día, serían consideradas como excesivas. La obesidad puede ser visualizada como el síntoma o la consecuencia de un problema de ajuste psicológico o social, que atenta contra las cualidades emocionales, percepción del propio funcionamiento, calidad de vida y habilidades sociales de estas personas a cualquier edad, especialmente por las características estigmatizadas por la sociedad. Esto sin olvidar las consecuencias psicopatológicas del seguimiento de dietas y de los ciclos de pérdida-recuperación de peso, donde los programas de tratamiento conductuales deberán estar basados en las técnicas de autocontrol, dotando al sujeto de habilidades que le permiten identificar y controlar su propia conducta, mejorando los hábitos de alimentación y los niveles de actividad física, contribuyendo a la disminución de problemas como la falta de apego a la terapia.

El EMDR es un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales y la intervención sistémica familiar, ha mostrado su eficacia en los trastornos alimentarios. Considera el síntoma, en este caso la alteración que muestra a través de la alimentación, la consecuencia de eventos de la historia de la persona que le siguen influyendo en su presente, un problema subyacente a dar con él y tratarlo directamente. Este enfoque interviene no solo en las causas y síntomas , sino también en las capacidades de afrontamiento y la autoestima .