Celos Infantiles

A nivel evolutivo, ante el nacimiento de un hermano, los celos infantiles aparecen entre el primer año y medio de la vida del menor hasta los seis - siete años. Es a los 18 meses de edad, donde los menores son más proclives a presentar estas emociones negativas.

La existencia de ciertas características en los rasgos de personalidad de los niños, promueven la aparición de celos con la aparición de un nuevo hermano. Los niños sensibles, detallistas, con dificultades a tolerar los cambios, muy contenidos emocionalmente y exigentes consigo mismos presentan una mayor probabilidad.

Los celos son un estado afectivo secundario al temor a perder el amor de la figura de apego, a ser abandonado por ésta, o que su atención y cariño se vea reducido. La percepción de disminución real de la atención de sus padres que recibía antes del nacimiento de su hermano, la interpreta de forma egocéntrica, siendo incapaz de comprender por qué las caricias y atenciones que dirigen a su hermano no lo hacen hacia él. No puede alcanzar a entender por el momento, que sus padres puedan querer a varias personas, creen que el afecto de sus padres debe ser exclusivo. Así, se sienten relegados y rechazados, perdiendo la seguridad en sí mismos, y presentando malestar emocional, tratando de forma desesperada de recuperar la atención de sus padres.

La figura de apego es el principal motivo de desarrollo para un niño en este período evolutivo. Con la aparición de los celos, el vínculo hacia la figura de apego, se convierte en un vínculo ansioso que genera en el niño una inseguridad muy marcada en su desarrollo personal.

Estos sentimientos negativos son nuevos para el niño por lo que su compresión y exteriorización de los mismos le resulta complejo.

De forma más infrecuente, los celos infantiles surgen del hermano menor hacia el mayor, y suele surgir en una relación de rivalidad entre ambos, donde el menor se siente inferior, bien porque los padres dotan de privilegios de autoridad al mayor frente al niño menor, o bien porque el niño mayor presenta habilidades muy marcadas que el pequeño envidia.

La presencia de celos en la fratria de hermanos es frecuente y común a todas las culturas, e incluso se puede entender como un proceso evolutivo propio de la edad, que facilita procesos de maduración. Sin embargo, en el momento en que se estanca y cronifica, sobrepasan las edades de normalidad, o genera consecuencias negativas significativas y sostenidas en la vida familiar, y especialmente en el niño o su vida cotidiana, esto deja de ser habitual, y podemos comenzar a hablar de una anormalidad, de la presencia de celos patológicos, siendo entonces cuando los padres podrían recurrir a la ayuda de un profesional.

Para detectar la presencia de celos infantiles, es importante conocer cómo se pueden llegar a manifestar, teniendo en cuenta que de unos niños a otros, puede existir un abismo en la forma de presentarse. Existen dos tipos de sintomatología marcadamente diferenciada:

Síntomas internalizantes

1
Aislamiento
2
Infelicidad que puede manifestar a través del llanto frecuente inmotivado, de tristeza y de verbalizaciones de no sentirse querido o ser suficiente.
3
Frustración
4
Comportamientos regresivos, que había superado, como succionarse el dedo, gestos inmaduros, hacerse pis encima y/o en la cama, comenzar a utilizar chupete y/o biberón, lenguaje infantilizado que imita al otro hermano más pequeño, impone que le demos de comer, negarse a comer, solicitar dormir con sus padres, .
5
Cambios de humor no justificados.
6
Aparición de insomnio, o bien interrupción del sueño con despertares nocturnos, o pesadillas, retrasar el momento de ir a la cama, etc.
7
Alteraciones en la esfera alimenticia, con disminución del apetito, o incremento de conductas selectivas con el tipo alimentos.
8
Malestar y quejas físicas, especialmente dolores de cabeza y de estómago, somatizando la ansiedad y malestar subjetivo que vivencia en esta situación.

Síntomas externalizantes

7
Conductas disruptivas, esto es, comportamientos que interfieren en el desarrollo evolutivo del niño que limitan generar y/o mantener relaciones sociales adaptativas con pares y figuras de autoridad (ej. interrupciones, falta de cooperación, agresividad, desobediencia, etc.).

En ocasiones, y especialmente cuando el niño que presenta los celos ocupa el rango de mayor en la fratría de hermanos, encubre este estado afectivo de celos, mostrando un cariño exagerado por el hermano menor, a través de caricias, besos, abrazos, juegos.

Los celos no resueltos y cronificados, sostenidos en el tiempo facilitan la presencia de un estado de inseguridad en el niño, una baja autoestima, un autoconcepto devaluado. A largo plazo puede ocasionar aislamiento social, complejo de inferioridad, depresión y marcada desconfianza, e incluso una personalidad celotípica que podría llegar a interferir en su vida adulta en las relaciones significativas para su persona, como puede ser amistades, parejas sentimentales o compañeros de trabajo.