Depresión

Es importante aclarar que un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza, que puede ser considerado como una reacción normal ante un acontecimiento negativo (pérdida de un ser querido, divorcio, etc.) y que serán hechos que puedan requerir de un proceso de duelo. Sin embargo, si dicho estado se prolonga en el tiempo o sus síntomas se agravan, impidiendo el desarrollo adecuado de la vida cotidiana, puede llegar a convertirse en un trastorno depresivo, momento en que hay que pensar en una actuación para solucionar lo que es un problema real.

Las etapas o momentos de cambio brusco en el adulto, tiende a generar situaciones que generan conflictos o dificultades difíciles de afrontar. En líneas generales, una persona con depresión pierde el interés en casi todas las actividades usuales, y en las que antes le ocasionaban placer. La visión de cómo uno se ve y se valora a sí mismo está alterada, afectando la autoestima, y la forma en que uno piensa. Tenderá a estar triste, desesperanzada, desanimada. Ese estado de desánimo es difícil de afrontar y por eso la persona se adapta a esta forma de sentir y reaccionar, siento mucho más complejo modificarlo. En las rutinas generales, pueden aparecer  problemas para dormir o está durmiendo más de lo normal, un cambio en los hábitos alimentarios, como no tener hambre o comer más de lo habitual, dificultad para concentrarse, problemas para tomar decisiones, disminución del rendimiento laboral o de las responsabilidades domésticas, alejarse de la familia y los amigos y pasar más tiempo a solas.

Todos hemos llorado, sentido tristeza, falta de interés social en un momento determinado. El sentimiento de tristeza y todas estas manifestaciones comienzan a hablarnos de un problema, y en concreto de una depresión, según la frecuencia de aparición, su intensidad, duración e interacción en la vida de la persona que lo presenta. Para detectar la presencia de un trastorno depresivo:

  • la tristeza y falta de interés tiende a ser un denominador común
  • la tristeza no tienen por qué presentarse de forma evidente, pudiendo manifestarse a través de episodios o estados de irritabilidad ante situaciones nimias, agresividad verbal, actitud quejosa, manifestaciones físicas de agresividad, y el derrumbarse emocionalmente de forma desproporcionada.

Un episodio depresivo está constituido por un conjunto de manifestaciones muy variado, y la forma en que éstos tienen de presentarse y evolucionar, hace que el comportamiento y conjunto de síntomas de una persona deprimida, sea muy diferente a la de otra con el mismo problema. Todos los síntomas que pueden presentarse se pueden englobar en cuatro tipos diferenciados, que se describen a continuación:

  • Las manifestaciones cognitivas; pensamiento negativista centrando su atención a sucesos negativos; visión negativa de uno mismo, del entorno y del futuro; centrado en su pasado del entorno; perdida de su capacidad de introspección mostrando dificultades para hacer lecturas autocríticas y buscar parte de la responsabilidad de sus actos en los problemas que vivencia; desesperanza; indefensión; ideas de culpa; ideas de incapacidad; ideas de muerte; ideas de suicidio; pérdida de autoestima; falta de memoria, atención, y concentración.
  • Síntomas anímicos: sentimientos de tristeza; irritabilidad; sensación de vacío; necesidad de llanto; incapacidad de disfrutar de lo que le rodea; sentimientos de pérdida; empeoramiento matutino, hostilidad hacia sí mismo.
  • Síntomas motores y conductuales: comportamientos de evitación, descenso de las actividades cotidianas, enlentecimiento psicomotor,....
  • Síntomas vegetativos; problemas de sueño, sueños tristes, pérdida de interés por el sexo, sequedad de boca, fatiga, pérdida apetito, estreñimiento, molestias corporales difusas, síntomas gastrointestinales, dormir en exceso muy propio esto último en adolescentes, etc.)
  • Síntomas sociales; deterioro en las relaciones interpersonales, tendencia al aislamiento, pérdida de intereses, disminución de capacidad de realizar tareas habituales y su disfrute.

Las situaciones externas más frecuentes que pueden desencadenar problemas depresivos en la vida adulta, son muy variados, pero podríamos señalar varios:

  • Muertes o pérdida de personas de referencia en nuestra vida
  • Enfermedad grave
  • Decepciones en personas que queremos
  • Problemas de pareja, infidelidades, separación, etc.
  • Conflictiva en la relación laboral, desilusión, despido, situación de paro, etc.
  • Jubilación
  • Aislamiento social

El principal factor de riesgo de suicidio es la depresión, y concretamente, aquellos episodios depresivos que cursan con desesperanza en el adulto, presentan un mayor riesgo a este nivel.

El EMDR es un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales, ha mostrado su eficacia en los cuadros depresivos. Los síntomas sin duda, son la consecuencia y no la causa, de eventos del pasado en la historia biográfica de la persona que sobrepasaron su capacidad de integración y afrontamiento, y continúan influyendo en su presente. Estos eventos traumáticos del pasado, no tienen por qué ser eventos por su naturaleza de una gravedad severa, puede ser la ausencia de reacciones lo que generó posibles problemas en la vinculación, en la vivencia de emociones, en la relación con el otro o con el mundo. También pueden ser pequeños eventos que se repitieron con excesiva frecuencia. Todo esto, estos eventos traumáticos de menor intensidad, son de igual calado dependiendo de su presentación en la vida de la persona, dado que normalmente es en el desarrollo temprano, y en las relaciones de apego, o relaciones sociales tempranas donde acontecen. Este enfoque además de intervenir en las causas y síntomas, también lo hace en las capacidades de afrontamiento y la autoeficacia, permitiendo vivir con más capacidad de disfrute, claridad, calma y seguridad las diferentes situaciones de su vida cotidiana.