Duelo en edades tempranas

Los duelos afectan más a los niños que a los adultos. Esto sin duda es fácilmente comprensible cuando un adulto piensa en esta situación. Sin embargo, cuando se vive de cerca este tipo de situaciones dramáticas en una familia cercana, se observa como el cónyuge emocionalmente está hundido. La pérdida en el adulto suele ser vivida de forma más abrupta, consciente y emocionalmente más explosiva. Sin embargo, especialmente en edades tempranas, podemos pensar que “es muy pequeño,… , en realidad no se entera de lo que está pasando, … los niños se adaptan a todo, etc.”. Las manifestaciones de las emociones, y la forma en que se integra lo que está sucediendo en el medio, se hace de forma muy distinta en el adulto y en el niño, pero sin duda, esto no resta importancia y repercusión en los niños que se ven envueltos en este suceso, donde DE REPENTE, TODO CAMBIA.

La desaparición real de un objeto externo muy significativo provocará importantes modificaciones en el mundo interno del niño. La pérdida acontece en un ser cuyas defensas no están aún desarrolladas ni integradas. A esto, se añade que el otro cuidador principal, que sí continúa a su lado, está roto de dolor y no está disponible emocionalmente para ver, comprender y responder a ese niño, ayudarle entender, y acompañarle en su tristeza y confusión. Tienden a ser niños cuyas necesidades emocionales quedan poco cubiertas,  y se ven sumidos en un tabú, en un silencio, y un marco de confusión que perjudica sustancialmente su estado; así como una hiperresponsabilidad en cuidar la emoción de su padre o madre que sí continúa a su lado, produciéndose una inversión de roles que sin duda, perjudicará a ese “niño que nunca lo fue”, para convertirse en un adulto dañado si todo esto no se reconduce de algún modo. El papel de la red social de apoyo de la familia extensa es crucial para la resolución satisfactoria del duelo.

Es importante ser consciente de que, por mucho que hagamos, no podemos evitar el dolor de un niño ante la muerte de un ser querido, pero sí podemos ayudarle a vivir el duelo de una manera más sana. Sin duda debe sentirlo, y debemos permitirle y acompañarle en ese sentir. Para cualquier persona la pérdida de un ser querido es ya de por sí una situación difícil, para los niños lo es mucho más. Los duelos y pérdidas afectivas tempranas afectan a los niños (también a los muy pequeños), creando situaciones de vulnerabilidad que producen respuestas de ira, queja, apatía o tristeza. Estas pueden ser normales, si se dan dentro de una manera proporcional. Ante una situación de duelo, la respuesta inicial del niño es de protesta, de queja, incluso de ira. Pero la desesperanza acaba imponiéndose, permanece el deseo de recuperación pero va desapareciendo la confianza en el otro, de modo que el niño se va volviendo cada vez más apático, lloroso, pasivo, etc. Todas estas emociones deben tener su espacio, ser escuchadas y comprendidas, y sin duda validarlas, dado que sentir estas emociones es totalmente lícito y congruente con lo que acaba de vivir. Estas “fases” darán lugar a la desesperanza, hasta llegar al último estado en el que si se acepta, se elabora y se reorganiza da lugar a la recuperación a nivel emocional, cognitivo y relacional. Sin embargo, si soluciona esta desesperanza mediante el desapego o depresión se inhibirá total o parcialmente de las conductas de vinculación al ser querido, y evolucionará hacia la psicopatología.

Una vez detallada las manifestaciones más características de un duelo normal, podemos delimitar algunos indicadores parcialmente independientes entre sí que hacen pensar que el este duelo se está haciendo de forma patológica. Una añoranza y anhelo más continuado y crónico en el tiempo sería uno de ellos, unido a reproches repetitivos contra la persona perdida, combinándolos con autorreproches más o menos inconscientes. Otra manifestación a tener en cuenta es la dedicación al cuidado compulsivo de los objetos (animados o inanimados) y la incredulidad persistente acerca de que la falta sea real o permanente. En niños, a menudo es difícil de determinar en qué grado hay aceptación de la pérdida, pues pueden persistir fijaciones o momentos de intenso anhelo años después, aunque secretos o poco visibles. Por esto hay que tener en cuenta a la hora de evaluar el duelo en el niño el tiempo prolongado que transcurre sin intentar distraerse, jugar o aproximarse a nuevas figuras de vinculación, lo cual nos habla de una vivencia de la pena y el sufrimiento demasiado intensos y cronificados. 

Indicios de adaptación, a pesar de las dificultades, son que pide y se dirige a nuevas personas, o que acepta de nuevo las frustraciones. A medida que el duelo se complica, aparece la anhedonia (no disfrute), así como las dificultades en la concentración y las quejas somáticas, que con frecuencia se relacionan con representaciones analógicas o simbólicas de la enfermedad del desaparecido. Las reacciones de euforia sostenida o de negación de lo emocional son indicadores claros de evoluciones psicopatológicas, así como la adaptación caracterial llamada compulsión a cuidar a terceros.

El EMDR es un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales y la intervención sistémica familiar , ha mostrado su eficacia en las pérdidas tempranas y problemas de apego en el desarrollo. Los síntomas sin duda, son la consecuencia y no la causa, y es esos eventos del pasado, esas vivencias de pérdida en la historia del niño que sobrepasaron su capacidad de integración y afrontamiento, continúan influyendo en su presente de forma desajustada y desproporcionada. El reprocesamiento de la pérdida, su aceptación y vivencia de sí mismo con capacidad de afrontamiento y seguridad para establecer nuevas vinculaciones, es una parte crucial de la terapia. Este enfoque además de intervenir en las causas y síntomas , también lo hace en las capacidades de afrontamiento y la autoeficacia, permitiendo vivir con más capacidad de disfrute, calma y seguridad las diferentes situaciones de su vida cotidiana, y orientando a la familia en el manejo de las distintas reacciones y situaciones.