Miedos y fobias

Los trastornos fóbicos están caracterizados por un miedo intenso, que se reconoce como excesivo, y que repercute en respuestas conductuales, principalmente la evitación, ante estímulos concretos identificables, que no son en sí mismos generalmente peligrosos. Como consecuencia a la exposición al estímulo fóbico, se produce una respuesta inmediata de ansiedad que puede llegar incluso a crisis de ansiedad.

Estos trastornos fóbicos son

Las respuestas de ansiedad, principalmente la evitación, se manifiesta de modo focal frente a estímulos externos específicos. Se produce un miedo excesivo o irracional desencadenado por la presencia o anticipación de objetos o situaciones específicas. Este tipo de fobias suelen tener como detonante alguna situación que posiblemente ya no somos capaces de recordar y que sucedió en nuestro pasado.
El temor irracional y desproporcionado de este subtipo de fobia se manifiesta de forma específica ante situaciones sociales, anticipando la posibilidad de ser enjuiciado, rechazado o desaprobado por otros, conllevando normalmente la respuesta de evitación. Las situaciones sociales que provocan mayores niveles de ansiedad son hablar en público y una interacción interpersonal con una persona desconocida del sexo opuesto. Este trastorno puede desembocar en un aislamiento social, pudiendo llegar a ser significativamente invalidante. Su curso con crisis de pánico es 4 veces mayor que en la población general, y con agorafobia 11 veces más.
Este trastorno es entendido como la aparición de respuesta de ansiedad y evitación ante situaciones de las que escapar puede resultar difícil o problemático.

Para la detección de un problema real a este nivel, se debe discriminar si se siente un miedo irracional y desproporcionado respecto a un objeto o situación real que se lo provoca. Como resultado de ello, intentará "evitar sistemáticamente" esa situación. Aunque se reconoce que ese miedo que se siente es excesivo, no puede controlar su reacción. El grado de incapacitación de ese miedo es lo que marcará la gravedad de ese trastorno fóbico, esto es, como interfiere en la rutina normal de la persona, en sus actividades laborales, académicas o sociales, o provocan un malestar intenso por tener la fobia.

Hay mucha variedad de elementos o situaciones que pueden favorecer reacciones fóbicas:

  • Miedos al fracaso y a la crítica: Miedos sociales a situaciones personales hostiles o agresivas, el miedo al ridículo, temor a la evaluación negativa, etc.
  • Miedo al daño corporal y la enfermedad: sangre, inyecciones, médicos (dentista) y a la posible amenaza de daño físico. Puede llegar a ser incapacitante cuando su padecimiento supone la evitación de consultas, pruebas o intervenciones médicas necesarias para la salud de la persona que la padece. El desmayo, o síncope vasovagal, es sin duda la reacción más llamativa de este patrón difásico de respuesta.
  • Miedo a la muerte: temor a la pérdida de personas y animales queridos así como los símbolos relacionados como ataúdes o cementerios
  • Miedos a lugares cerrados o desconocidos o muy concurridos de gente o a los espacios abiertos: ascensores, túneles o habitaciones desconocidas.
  • Miedo a la violencia física real o imaginada: guerra, armas, películas de terror, la oscuridad, estar solo en casa, etc.
  • Miedo a los animales: domésticos (ej. gatos) , insectos (ej. arañas), serpientes, ratones, pájaros, etc.
  • Miedos relativos al ambiente natural: a las alturas, tormentas, agua, oscuridad, viento, etc.
  • Miedo a los exámenes
  • Miedo a tragar alimentos sólidos
  • Miedo al vómito
  • Miedo a los vuelos
  • Miedo a conducir un coche

El EMDRes un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales, ha mostrado su eficacia en los trastornos fóbicos y miedos. La ansiedad ante un elemento fóbico, y los miedos, se origina en la historia biográfica de la persona a través de experiencias que sobrepasaron su capacidad de integración y afrontamiento. El EMDR considera estos síntomas como la consecuencia de eventos de su historia que le siguen influyendo en su presente, un problema subyacente a dar con él y tratarlo directamente. Este enfoque interviene no solo en las causas y síntomas, sino también en las capacidades de afrontamiento y la autoeficacia, permitiendo vivir con más calma y seguridad las diferentes situaciones de su vida cotidiana