Acoso Escolar

Un niño triste, con miedos, dolores inexplicables, puede encontrarse en una situación traumática que no sabe canalizar o en la que no se atreve a pedir ayuda a los adultos de su entorno próximo. El acoso escolar tiende a cursar con un temor intenso a trasladar lo que está ocurriendo a los adultos, o a una profunda vergüenza que impide compartir las experiencias relativas a lo que le está sucediendo, aunque la relación con sus padres sea ejemplar, no depende exclusivamente de esto.

La percepción de un menor es una fuente relevante de información acerca de supuestos casos de acoso. A partir de aquí padres, profesores, profesionales de la salud mental y orientadores deberemos adoptar las medidas oportunas para instruir el caso y proceder a la inmediata verificación de las conductas referidas.

El acoso escolar o bullying es un proceso de victimización marcadamente complejo, sostenido en el tiempo, de un (o varios) escolar/es a otro (o un grupo de escolares concretos), caracterizado por agresiones verbales o físicas o psíquicas más sutiles pero persistentes, intimidaciones, exclusión social, etc., que genera una indefensión marcada en el menor que la sufre, no sintiéndose éste capaz de resolver, modificar o hacer frente a la situación.

Un caso de acoso escolar lo es debido a conductas de hostigamiento que se producen de manera efectiva, con independencia de la personalidad del niño acosado, dado que puede caerse en errores de culpabilizar a la propia víctima por sus rasgos caracteriales. Asimismo, independientemente de que este acoso haya generado o no daño en el menor, es la propia situación la que determina si ha existido o no, dado que hay menores que presentan diferentes niveles de resistencia al daño psicológico, e incluso este daño psíquico puede manifestarse al tiempo.

El acoso escolar puede ejercerse de varios modos:

Agresiones que implican contacto físico (pegar, empujar, pellizcar, etc.), o bien conductas que atentan contra sus propiedades (esconderle la mochila, romperle los libros, ensuciarle la ropa, etc.)
manifestaciones verbales dañinas (insultos, calumnias, críticas, etc.)
comportamientos con la persona implicada y terceros dirigidos a provocar una aislamiento social (presionar al grupo para que no esté con el acosado, impedirle participar de una conversación o juego, tachar de con calificativos negativos ante cualquier comportamiento que recoja al acosado, etc.)
Reírse de la víctima, humillarle públicamente, devaluarle, inducirle miedo, que facilitan inseguridad, temor y daño en la autoestima.

Para que realmente exista una situación de acoso escolar, el maltrato ejercido sobre la víctima debe ser:

  • reiterado y mantenido en el tiempo;
  • el/ los niños agresores tienen una intencionalidad clara de hacer sufrir a la víctima, pudiendo tener diferentes fines, como puede ser dominarle, someterle, intimidarle, anularle, atemorizarle, obtener un fin mediante chantaje. Se atenta contra la dignidad del menor y sus derechos elementales.
  • se genera una situación de claro desequilibrio de poder entre acosado/s y acosador/es;
  • y el acoso se ejerce sobre personas concretas.

Con mucha frecuencia quien acosa logra incentivar o contagiar este tipo de comportamientos a otros escolares, que se convierten pronto en un grupo de acosadores que se suman de manera unánime y gregaria al comportamiento de hostigamiento contra un tercero, aunque esto no tenga por qué crearse para hablar de acoso.

El cyberbullying, o ciberacoso, tiene aspectos comunes con el bullying, si bien utiliza internet como medio principal para ejercer el daño, a través de la difusión de imágenes dañinas o textos publicados en correos electrónicos, mensajería instantánea, redes sociales (facebook, twitter, etc.), blogs, mensajería de texto. La tecnología permite suplantar la identidad de la víctima escribiendo en su nombre con su foto comentarios que le descalifican y dejan en mal lugar en foros o chats, violar su intimidad leyendo sus mensajes de su buzón de correo haciéndose con su clave, haciendo circular rumores o fotografías que le dejan en muy mal lugar, etc. Esto tendía a darse con mayor frecuencia en adolescentes, si bien los casos con niños más pequeños va en aumento, viéndose facilitado por el incremento de la familiarización y accesibilidad de éstos con estos medios.

El acoso escolar tiende a revertir en la víctima en un autoconcepto, autoestima muy bajos, con baja competencia en la competencia social y resolución de conflictos, autodesprecio, e incluso cuadros de ansiedad y depresión. Esto es especialmente grave en un momento de la evolución y maduración psicológica como es la infancia.

Con frecuencia en los casos de acoso escolar, la situación se prolonga pasando muchos meses, hasta que la situación de indefensión que genera el acoso produce en la víctima una severa interferencia en su rendimiento escolar, en su autoestima, su sociabilidad, etc.

El hostigamiento, la intimidación, las amenazas a la integridad, las coacciones, el bloqueo social, la exclusión social, la manipulación social y las agresiones son componentes que definen una situación de acoso. Esta situación de acoso puede generar:

  • Ansiedad: que cursa habitualmente con problemas de atención y concentración en las tareas escolares
  • Estrés postraumático: Sensación de peligro inminente, inquietud, nerviosismo con la sensación permanente de que algo terrible le va a pasar de manera inminente a él o a sus seres queridos, lo que tiende a generar una alta irritabilidad que se proyecta de manera inmediata sobre la familia de la víctima
  • Distimia
  • Disminución de la autoestima
  • Somatización
  • Autoimagen negativa
  • Autodesprecio

El EMDR es muy adecuado en los traumas relacionales, como los que generan las experiencias de trauma. Ofrece la oportunidad de reelaborar el impacto emocional de los eventos de acoso vividos, procesándolos hacia un evento adaptativo, de menor calado emocional fortaleciendo el autoconcepto y la autoestima. Las técnicas de regulación emocional, manejo de ansiedad, habilidades sociales y técnicas cognitivo conductuales y la intervención familiar es un soporte muy válido para la intervención global del caso.