Trastornos psicosomáticos

La evidencia científica ha demostrado que los factores psicológicos no solo mantienen y pueden empeorar el pronóstico de algunas enfermedades, sino que son la causa de algunas de ellas.

Que el miedo a la crítica, y la emoción negativa de vergüenza en una situación como hablar en público genere que el ritmo cardíaco se precipite, mi cara se ruborice, y tiemblen mis manos mientras se mantiene en esta situación, no nos sorprenden a día de hoy. Claramente la influencia de una emoción negativa desencadena una reacción corporal, siendo la causante de síntomas físicos palpables. La aceptación de que otras emociones negativas sostenidas en el tiempo o reactivas a situaciones de mayor gravedad, puedan generar dolencias tan graves como parálisis, o convulsiones, nos resulta más difícil de creer, y más cuando somos los que sufrimos este tipo de síntomas orgánicos.

Es el cuerpo el que se convierte en el principal centro de atención de la persona que sufre este problema, no siendo consciente de que el problema real va más allá. Los síntomas físicos existen, son reales, e incluso generan problemas orgánicos diagnosticables y visibles. Sin embargo, la persona afectada no atiende a su mundo interno, obvia este problema subyacente, que seguirá haciendo mella de una manera u otra. Comprender lo que nos sucede, será el primer paso para vivir con mayor serenidad lo que nos está ocurriendo. Sin embargo, si seguimos en la búsqueda de una etiología orgánica, perdiéndonos entre médicos y pruebas orgánicas únicamente, es muy probable que aumente mi preocupación pero la solución obviamente sea incompleta.

Con mucha frecuencia la causa psicológica son emociones negativas que han sido elicitadas por eventos en la historia de la persona que calaron hondo y lo manifiesta a través de su cuerpo. Esta expresión de dolor emocional a través de dolor físico tiende a enmascarar una depresión, un cuadro de ansiedad, e incluso un maltrato físico o abuso sexual en su historia biográfica.

Este trastorno tan físico, esconde un problema de regulación emocional, de una identificación y de una capacidad de sentir las emociones en mi vida cotidiana. Si no siento, si no escucho cómo me siento ante las distintas adversidades y avatares de mi vida, no escucho mis necesidades... pero a veces me ayuda a huir de “mis miserias”. No escuchar las necesidades de uno, mi mundo interno, impide canalizar adecuadamente todo ese cúmulo de emociones enredadas, acumuladas y desbocadas.

A todo esto se añade que este tipo de dolencias generan desconfianza en el entorno próximo, dado que de forma secundaria obtienen más atención y en muchas ocasiones impide que puedan asumir responsabilidades según la evolución orgánica. La convivencia se hace complicada, estas personas sienten una profunda incomprensión por su entorno, y al tiempo el entorno se enreda en reproches, enfados o en tratar de ignorar el problema. Todo ello será ineficaz agravando tanto el conflicto de convivencia, el conflicto interno de la persona que sufre esto, así como las quejas somáticas. Es recomendable recoger, escuchar y acompañar en esos dolores y vivirlos como ciertos, porque lo son; si bien que nuestra atención hacia esta persona no sea principalmente a través de este motivo.

A la base de los trastornos psicosomáticos tiende a haber dos perfiles de personalidades distintas entre sí y muy frecuentes:

  • Personas hiperperfeccionistas, tímidas, complacientes, con alto control de sus emociones, y autoexigentes, este tipo de trastornos es marcadamente frecuente.
  • Personas muy dependientes en sus relaciones, con elevada necesidad de atención y apoyo emocional, que le asustan las responsabilidades de la vida,

En todos estos casos, siempre debe descartarse médicamente una afectación orgánica por parte del especialista, a partir de lo cual, realizar un abordaje psicológico que trate la problemática subyacente, que facilite una mejora en los aspectos somáticos.

Los casos psicosomáticos más frecuentes se manifiestan a través de los siguientes síntomas:

  • Dolor: estómago, cabeza, muscular, espalda, torácico, extremidades superiores e inferiores, cansancio, etc.
  • Sistema circulatorio: Palpitaciones, taquicardias, etc.
  • Gastrointestinales: Náuseas, sequedad de boca, vómitos, diarreas, rayadas, distensión, sensación de atragantamiento, estreñimiento, etc.
  • Sistema respiratorio: Dolor, presión torácica, sensación de ahogo, etc.
  • Trastornos sexuales: erección, menstruaciones irregulares o dolorosas
  • Neurológicos: hormigueos, mareos, parálisis, ceguera, debilidad, incapacidad para sentir dolor, afonía, vértigos, incontinencia urinaria, desmayos, pérdidas de memoria, etc.

La presencia de emociones negativas en nuestra vida que no escuchamos implica no solo que nuestros temores la dirijan, sino que perjudiquen nuestro organismo. Este patrón nos expone a diferentes enfermedades que correlacionan frecuentemente con etiología psicosomática:

1ANSIEDAD SECUNDARIA AL MIEDO A COMETER ERRORES
El perfeccionismo es una defensa psicológica que impide mirar para dentro y entrar en contacto con el verdadero sentir de mí mismo, de “no ser suficiente”, de “ser inadecuado”, que me aleja de mi sentimiento profundo de poca valía, que normalmente contrarresta con la imagen que el otro tiene de mí. Este tipo de personalidades tienden a orientarse a una vida marcadamente productiva, con un nivel de estrés continúo, y son muy vulnerables a presentar colon irritable, que cursa con naúseas, gases, estreñimiento, hinchazón, o diarrea.
2INSEGURIDAD PERSONAL – COMPLACENCIA:
Una enfermedad marcadamente limitante, y escasamente reconocida socialmente, con afectación mayoritariamente en la vida de la mujer, es la fibromialgia. Esta enfermedad tiende a cursar con estilos de personalidad dirigidos al cuidado del otro, expertas en detectar las necesidades y sentimientos del otro obviando las suyas, con muchas dificultades en concederse la licencia de “detenerse, mirar dentro, escuchar su mundo interno y priorizarse frente al otro”. En la fibromialgia los dolores musculares en puntos hipersensibles de su cuerpo, y la falta de energía, son los principales síntomas. De estos se derivan otros como el insomnio, memoria anterógrada afectada, dificultades de concentración, rigidez matutina, hormigueo en extremidades, dolores de cabeza, menstruaciones dolorosas. Además la sintomatología ansioso depresiva se suele hacer evidente.
3MIEDO A LA INTERACCIÓN CON EL OTRO:
Son personas que viven alerta en sus relaciones personales, mostrándose alerta e hipervigilante. Esto les lleva a que su sistema simpático se activa con tanta frecuencia e intensidad, que se genera una sudoración marcadamente productiva de rostro, manos, pies y axilas. Esto explica que desprendan un olor fuerte a nivel corporal.
4MIEDO A NO SER IMPORTANTE, AL RECHAZO
El profundo miedo a sentirme invisible, a no sentirme querido en la relación con el otro, me lleva a mirar únicamente las reacciones emocionales de éstos buscando su aprobación y cariño. Son personas que son marcadamente complacientes y serviciales, no escuchando sus necesidades, viviendo en una inseguridad personal muy marcada. Este tipo de personalidades son proclives a presentar enfermedades de la piel, siendo la psoriasis, la estrella entre las enfermedades cutáneas donde el sufrimiento emocional claramente está a la base de los brotes, sin existir un tratamiento médico eficaz que produzca su curación. Hay otras afectaciones cutáneas como el acné en el adulto, vitígilo (manchas blancas), eccemas, urticaria muy comunes.
5 RABIA, ENFADO, IRA, HOSTILIDAD
La evidencia científica muestra como el rencor, el amargor sostenido de la cólera, nos hace proclives a sufrir accidentes cardiovasculares. El enfado, la ira nos prepara para la lucha, lo que genera un desencadenante de modificaciones fisiológicas entre las que están: incremento de tasa cardíaca, aceleración de la respiración y liberación de grasa en sangre. Si ese enfado, si esa agresividad está dirigida hacia mí mismo, el cuerpo humano no realizará ninguna acción, se quedará contenida en mi interior, por lo que las grasas se adherirán a las paredes de las arterias, aumentando progresivamente ante esta dinámica, el riesgo de ataque al corazón o ictus.
6HIPER-RESPONSABILIDAD
Hay personas que sienten que todo lo que sucede a su alrededor es responsabilidad suya y se sientes responsables de resolver o solucionar. Su interpretación de los sucesos que acontecen a su alrededor siempre acaba en un “tengo la culpa”; “qué puedo hacer”; “qué puedo decir”, y realizando análisis exhaustivos de las consecuencias de cada una de las alternativas de solución para cada problema. Es frecuente la sensación final a “toro pasado” de “tendría que haber hecho algo”; “debí haber dicho algo”. Este tipo de cogniciones y formas de sentir generan marcada tensión que tiende a sentirse en cuello, hombros y mandíbula.
7ALEXITIMIA – ANULAR MIS EMOCIONES – NO SENTIRLAS
Habiendo descartado las causas orgánicas graves, el dolor abdominal puede estar relacionado con estrés o problemas psicológicos, donde el colon irritable, es una enfermedad relativamente frecuente. La ansiedad no es una emoción propiamente dicha, es más una sensación corporal. Las personas marcadamente controladas con mucho temor a sentir, y escuchar su interior y su cuerpo. No toleran las emociones refiriéndonos a la tristeza, el dolor, el miedo, la rabia, la alegría, el enfado, se desbordan cuando conectan con ellas, si logran hacerlo y tiende a ser momentos en su vida de bloqueo. Necesitan sentir un control absoluto, y necsitan anular la emoción, dado que éstas no son susceptibles a ser controladas. Como el estómago cuando precisa de ir introduciendo alimentos de forma progresiva, son personas que precisan identificar y sentir paulatinamente sus sentimientos, escucharlos y pasarlos por el cuerpo.
8DEBILIDAD EMOCIONAL – VULNERABILIDAD – NECESIDAD DE SOSTEN EMOCIONAL
Personas que en su extremo sienten esta debilidad emocional, son las personas que sufren el síndrome de fatiga crónica. Son personas abrumadas por una sensación de cansancio permanente que no mejoran con el descanso físico, y que son muy sensibles a pequeños esfuerzos físicos o psíquicos. Anergia crónica. Interfiere sustancialmente en su vida diaria, habiendo una ruptura con la vida anterior a la enfermedad. La sensibilidad y fragilidad emocional son realmente la necesidad más apremiante del cuadro, sentir que pueden, que son capaces, que pueden protegerse y que no son vulnerables emocionalmente, sin necesidad de estar alerta. Poder relajarse, dejarse ir emocionalmente y descansar.
9TEMOR A LA VOLVERME LOCO
Las personas que se sienten al borde del precipicio, en el inicio constante de la caída, se sienten frecuentemente débiles, expuestos a los acontecimientos externos, con miedo a caer. El miedo está a la base, una emoción que no se identifica, simplemente está y fluye, y no logra identificar, contener y calmar, es un miedo flotante a perder el control, a volverse loco. Este estado emocional genera con frecuencia dolores de espalda, vértigos y mareos, con la sensación de tener la cabeza hueca o estar al borde del desmayo. Los mecanismos psíquicos, las representaciones de mi mismo, del otro y de mi mundo, influidos sin duda por experiencias de vida del camino recorrido, son la clave para comprender y favorecer la mejora de estas problemáticas que están a la base de los síntomas físicos que invaden mi vida.

El EMDR es un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales y de regulación emocional, ha mostrado su eficacia en los trastornos psicosomáticos. El EMDR considera el síntoma del dolor corporal, como la consecuencia de eventos de la historia de esa persona tanto en su niñez, como en todo su desarrollo, que le siguen influyendo en su presente. Un problema subyacente a dar con él y tratarlo directamente. Este enfoque interviene no solo en las causas y síntomas, sino también en las capacidades de afrontamiento y la autoeficacia, permitiendo vivir con más calma, capacidad de disfrute y seguridad sus emociones, y las diferentes situaciones de su vida cotidiana.