Trastornos y problemas de alimentación.

1Problemas psicológicos menores en la alimentación infantil
Estos problemas psicológicos no incurren un riesgo vital para el niño, si bien tiende a generar un problemática de carácter familiar, donde tanto la autonomía del niño como el ambiente del hogar se pone en entredicho. Las horas de las comidas se convierten en protestas, llantos y gritos que enturbian los momentos que normalmente tienden a respetarse para la comunicación familiar en nuestra cultura.
Estos problemas muy comunes en menores, pueden darse en los siguientes aspectos:
  • La negación o rechazo a comer determinados alimentos, bien sea por su sabor, por su textura, por la forma de elaboración (ej. que sea triturado), o por las circunstancias que acompañan a la ingesta, como puede ser ver la televisión mientras come, contarle un cuento o que la persona que le da de comer sea su madre. Esta problemática puede llegar a derivar en dificultades de la ganancia de peso recomendada.
  • La velocidad a la hora de las ingestas puede ser un problema significativo. Así, puede presentar una excesiva velocidad al comer, que puede o no finalizar en vómitos, y aumentar el riesgo de atragantamientos. La excesiva lentitud al comer que puede conducir a la formación de bolos de comida, que hace que no pueda tragar el alimento en muchas ocasiones, afecta sin lugar a dudas a la autonomía y autoconcepto del niño, además de un problema del ritmo familiar en muchas situaciones.
  • Los vómitos pueden convertirse asimismo en el problema central, tanto durante la ingesta como al finalizar la misma, pudiendo ser no solo por meter excesiva comida en la boca, por “ascos” al sabor o textura de los alimentos, o por rechazo a los mismos o la excesiva velocidad en la ingesta, sino también porque se cronifica y obtiene un beneficio secundario, esto es, que aunque se elicita inicialmente por alguno de los aspectos anteriormente mencionados, se mantiene en el tiempo por la atención recibida, la preocupación paterna suscitada u otras variables que acompañan este tipo de sucesos, como puede ser “que no vaya al colegio porque ha vomitado”.
2La fobia específica a tragar
Las fobias tienden a gestarse en la infancia, y ésta en concreto tiende a estar relacionada con una situación de atragantamiento bien vivido en primera persona o bien haberlo presenciado o incluso haber escuchado una conversación acerca de los riesgos de un atragantamiento o asfixia con alimentos. En muchas ocasiones, esto no es tan obvio, y los padres simplemente son conscientes de la negativa de su hijo ante la comida, de la reducción de la cantidad de alimentos que ingiere, y la selección de alimentos que el niño considera más fácil de ingerior que otros que considera que pueden provocar un atragantamiento. Tienden a comer muy despacio, masticar en exceso la comida, lo que tiende a crear bolos, suelen perder peso, presentar angustia cuando se acercan las horas de las comidas y durante las mismas, pérdida de autonomía del niño, y suelen generar un clima familiar muy negativo.
3Vómitos psicógenos
En la infancia, además, los vómitos psicógenos, esto es, aquellos vómitos que acompañan a reacciones emocionales intensas o a alguna conducta de oposición también, en caso de generar disconfort significativo se ha de reconducir.
4El trastorno de ingestión alimentaria
El trastorno de ingestión alimentaria, propio de la infancia, que se inicia normalmente en el primer año de vida, si bien puede demorarse a los 2-3 años su comienzo. El trastorno debe aparecer antes de los 6 años. Este trastorno se caracteriza por un fracaso continuado de comer adecuadamente, que supone una pérdida de peso significativa, durante por lo menos un mes. El niño que padece este diagnóstico tiende a presentar un estado irritable, o bien significativamente apático y retraído. El trastorno no se debe a ningún tipo de enfermedad gastrointestinal ni a otra enfermedad médica. Tampoco se debe a falta de comida disponible, ni puede incluirse con más precisión dentro de otro trastorno mental. Los problemas o trastornos de ingesta alimentaria infantil, pueden llegar a convertirse en un factor de riesgo para desarrollar un trastorno de conducta alimentaria como la anorexia nerviosa en fases más avanzadas de la niñez o adolescencia.
5La pica
Consiste en la ingesta de sustancias no nutritivas durante, por lo menos, un mes, y esta ingesta debe ser inapropiada para el nivel de desarrollo del niño. Comer sustancias no comestibles después de los 18 meses de edad se considera anormal. Además la conducta alimentaria no debe ser parte de una práctica cultural. Se estima que la pica aparece en un 10 a 32% de los niños entre 1 y 6 años de edad. Y en los niños mayores de 10 años, se estima que en el 10%. En los niños mayores con inteligencia normal la frecuencia disminuye. La pica puede afectar a ambos sexos por igual. El debut de la picas suele darse entre los 12 y los 24 meses de edad, y la incidencia disminuye con la edad. Las sustancias específicas que se ingieren varían según la accesibilidad y se aumentan conforme el niño adquiere destrezas motoras. Normalmente, los niños pequeños comen pintura, escayola, cuerdas, cabellos o trapos y los mayores elementos más variados.
Excepto en las personas con retraso mental, la pica suele remitir con la adolescencia.
6El trastorno de rumiación
Consiste en la regurgitación de comida. La rumiación es un trastorno raro. La frecuencia se da entre bebés de 3 meses a 1 año de edad y entre los niños y adultos con retraso mental. El debut suele producirse después de los tres meses de edad; después de la regurgitación, la comida vuelve a tragarse, o se escupe. Es un trastorno raro en niños mayores, adolescentes y adultos. El trastorno debe durar por lo menos un mes, después de un periodo de funcionamiento normal, y no debe ir asociado a enfermedad gastrointestinal u otras condiciones médicas generales. La comida, parcialmente digerida, sube a la boca sin náuseas, arcadas ni sensación de asco y no va asociada a trastornos gastrointestinales. La comida se expulsa de la boca o vuelve a tragarse. Suele adoptarse una postura característica, forzando y arqueando la espalda y con la cabeza hacia atrás. El niño realiza movimientos de succión con la lengua y da la impresión de obtener bastante satisfacción con esta actividad. Otra característica frecuente es el estado general de irritación del bebé entre los episodios de rumiación. Al principio, suele ser difícil distinguir la rumiación de la regurgitación frecuente en los bebés normales.
Aunque suele remitir espontáneamente, es posible que se desarrollen complicaciones secundarias graves, como malnutrición progresiva y deshidratación.
7Trastorno de conducta alimentaria
En los 50 últimos años se ha producido un incremento significativo de los trastornos de alimentación en general, debido principalmente a factores socioculturales, y no tanto porque se preste más atención a este tipo de problemas ni porque se haya disminuido el estigma social. Estos trastornos de alimentación han visto aumentado su frecuencia en los últimos años en chicas prepuberales extendiéndose a niños más pequeños, aunque la edad más común de inicio se sitúa alrededor de los 15 años.
La importancia y preocupación por la imagen corporal, como síntoma central de los trastorno alimentarios, en las investigaciones más recientes se constante una disminución de las edades en las que se presenta una preocupación por la imagen corporal. De este modo, niños de 8 y 9 años, incluso con 7 años, ya comienzan a presentar una preocupación importante por la imagen corporal, lo que puede llegar a despertar actitudes y comportamientos alimenticios problemáticos. En otros estudios se han encontrado ya niños con 5 años que tienen presentes las consecuencias negativas de la imagen obesa.

Las variables que predisponen a presentar un trastorno de alimentación en la infancia, y por lo tanto hace más vulnerable al niño a padecer este trastorno son

Por ejemplo obesidad premórbida.
  • Presión social por estar delgado, que en el caso de niños, suele cursar con verbalizaciones negativas, burlas, humillaciones y/o comparaciones descalificativas sobre su apariencia corporal, provenientes tanto de pares como de sus familias
  • Prejuicios contra la obesidad interiorizados en el medio familiar
  • Relación de que la apariencia y el cuerpo delgado es un valor social de aceptación y perfección.
  • Problemas para ser independiente
  • Déficit de autoestima - autoconcepto, centrado especialmente en la autoestima corporal
  • Perfeccionismo y marcado autocontrol
  • Miedos a la maduración
  • Influencia elevada frente a pares y familiares
  • Baja comunicación o discusiones familiares frecuentes
  • Miedos, sentimientos de culpa

Normalmente el cuadro se desencadena partiendo de algún acontecimiento bien de carácter estresante bien en relación directa con la imagen corporal, como pueden ser:

  • Vivencias traumáticas relativas abuso físico o sexual
  • Críticas en el seno familiar y/ o en el colegio sobre el físico y/ o la persona
  • Acontecimientos estresores en la vida del niño (Ej. muerte de una persona querida, dificultades en la relación con figuras de apego, etc.)
  • Actitudes negativas ante la propia imagen física y personal (baja autoestima) que hace que sientan la necesidad de controlar el peso y la figura

Los trastornos de la conducta alimentaria son síndromes y no enfermedades, dado que no se definen por una única causa, ni presenta un curso clínico común ni una patología común. Se definen mejor como síndromes, esto es, a partir del conjunto de síntomas presentes. Los síntomas frecuentes en los trastornos de conducta alimentaria que tienden a presentar, no siendo necesario que coexistan todos los que se listan a continuación:

  • Contenido y cantidad de comida ingerida habitualmente desajustado
  • Las pautas de ingesta en cuanto al número de comidas, horarios, lugar y forma, tiende a ser irregulares e inadecuados.
  • Frecuencia de conductas restrictivas, con una negativa frontal a comer.
  • Impulso a la delgadez
  • Insatisfacción con la imagen
  • Inefectividad y baja autoestima
  • Perfeccionismo
  • Desconfianza interpersonal
  • Miedos a la maduración
  • Inseguridad social

El trastorno de alimentación de la “Anorexia nerviosa”, se presenta con mayor riesgo entre los 14 y los 19 años de edad, siendo entre los 12 y 25, las edades de mayor prevalencia. El inicio de la anorexia nerviosa suele darse entre los 10 y los 30 años, si bien se dan casos no habituales a edades más tempranas.

En la anorexia hay una notable alteración de la percepción de la propia imagen corporal, en muchas ocasiones focalizado en una parte concreta del cuerpo, que conlleva una restricción alimentaria para poder evitar engordar o perder peso, y no por perder el apetito, con un físico de delgadez marcada. En el caso de la infancia, es muy complicado que la pérdida de peso la puedan realizar en secreto, por lo que optan por un rechazo frontal a ingerir ningún alimento.

La pérdida de peso se produce mediante la reducción drástica de la ingesta. La bulimia no es un diagnóstico propio de la niñez, dado que apenas se dan casos por debajo de los 14 años.

El EMDR es un enfoque holístico y complejo, que apoyado en las técnicas cognitivo conductuales y la intervención sistémica familiar, ha mostrado su eficacia en los trastornos alimentarios. Considera el síntoma, en este caso la alteración que muestra a través de la alimentación, la consecuencia de eventos de la historia de ese niño que le siguen influyendo en su presente, un problema subyacente a dar con él y tratarlo directamente. Este enfoque interviene no solo en las , sino también en las capacidades de afrontamiento y la autoestima